jueves, 11 de octubre de 2007

Bésame donde no me da el sol

El trabajo es el refugio de los
que no tienen nada que hacer.
Oscar Wilde

(Advertencia: longitud excesiva)
Es curioso. Llevo un tiempo haciendo cosas que en el fondo no me gustan, y el último año y poco las he hecho en un proyecto donde, aparte de notar que cada vez que entraba en el edificio mi c.i. se reducía en 30 puntos más o menos, he pasado por muchas áreas haciendo nada, aprendiendo menos aún, y donde el máximo logro personal ha sido el desarrollar mi desconocida faceta de secretario personal (realizando "labores técnicas cualificadas", que traducido viene a ser "esos marrones de mierda que nadie quiere hacer y para los que te presentas voluntariamente obligado").
Ha tenido sus ventajas estar en un proyecto que todo el mundo consideraba una mierda de lugar, ya que uno es insumiso con los horarios de entrada, y cierto es que en pocos sitios puedes llegar una hora tarde y que nadie te diga nada (al menos a la cara. Decir cosas a la espalada está a la orden del día). Por contra algunos días he salido demasiado tarde (incluso para un impuntual de reconocido prestigio).
He conocido a un montón de gente muy curiosa, con muchas cosas que contar o con trayectorias vitales y profesionales realmente interesantes. Algunas de esas personas podrían haber acabado siendo buenos amigos de haberlos conocido en otro lugar o en otro momento, o si este último año no hubiera estado inmerso en reponerme de una ligera sobrecarga emocional y vital.
También he conocido gente a la que se que les he caído mal desde el principio (puedo hablar o no, pero desde luego si lo hago lo haré a la cara. Comprobé que eso no le gusta a todo el mundo). También ha habido gente con la que establecí lazos intensos al principio, pero que después resultaron ser menos intensos de lo que pensaba. Si además se llevan bien con quien no te traga, todo ello da un resultado curioso. Aislamiento.
Y ahí viene lo curioso. Intuía algo parecido, pero hasta el momento no lo había demostrado. Llamadlo deformación profesional o pura desconfianza, pero no me trago los dogmas de fe, por lo que la demostración de las cosas se convierte en algo más que necesario. Sabía desde siempre que tengo un ramalazo solitario y semi-autista que-te-cagas, pero este año he comprobado lo bestia que es. La parte buena es que me ha permitido capear los últimos meses aquí sin demasiados problemas (de hecho podría haber venido a currar con esta
camiseta sin problemas). He tenido ayuda, y no me ha hecho falta viajar al país de las maravillas o irme a través del espejo, me bastaba con los convencionales métodos de mensajería instantánea para tener mi pequeño respiro diario (juntenlo con el chateo ocasional por gmail y se verá que tan tan autista no soy). Lo malo es haber trasladado esa apatía y ese alejamiento a mi mundo personal, sobre todo porque de ese mundo (del que siempre me sentiré afortunadamente sorprendido) es de donde saco fuerzas para que todo me la siga sudando como hasta ahora.
Lo que es innegable es que, pese a rondar el mobbing los últimos meses en este antro de mierda (donde no hay cerveza y solo se ve a una furcia, que diría
Bender), me he sorprendido al comprobar que podía aguantar esto y más. Así que encima me voy, a otro sitio que puede sea igual de malo, pero difícilmente peor. Sólo espero tener la suerte que tuve este año, que si bien me topé con gente que me lo hizo dificil, también encontré personas estupendas, con quienes ha sido un gustazo trabajar, quejarme y descojonarnos juntos.

Emocionado, cuando vuelva a mi ex-empresa a por el mísero finiquito que me corresponde, un poderoso bramido saldrá por mi fumadora garganta:

BESAD MI METÁLICO CULO


notas al margen: dos enlaces de última hora, francamente buenos y muy adecuados
-es evidente, nadie como Quevedo habló tan bien del tema central de esto:
gracias y desgracias del ojo del culo
- de la mano de mi primer compañero en estos mundos laborales (y pese a ello seguimos siendo amigos):
curiosidades matemáticas y físicas de Futurama

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